ASI VIVEN EN ISLOTE, LA ISLA MAS POBLADA DEL MUNDO Y ES COLOMBIANA

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El islote, como se le conoce popularmente, lleva décadas lidiando con la falta de un médico, de agua potable o electricidad permanente.

Sin médico, agua ni luz enfrenta el COVID-19 una de las islas más pobladas del planeta: está en BolívarSon cerca de 500 los habitantes de Santa Cruz del Islote, de solo una hectárea y donde no hay espacio para distanciamiento. “¿Por qué nos abandonaron?”, preguntan.

Entre la sobrepoblación que no les permite aislarse ante la amenaza de que el COVID-19 llegue a su comunidad y la crisis económica por la falta del turismo, los pobladores de esta isla artificial en el departamento de Bolívar claman por ayuda.

Los lugareños creen que no se han presentado casos de coronavirus, aunque no han sido practicadas pruebas que lo certifiquen.

Sin embargo, están muy asustados de que llegue la enfermedad, pues allí solo tienen una enfermera, no cuentan con insumos hospitalarios y hay una elevada tasa de adultos mayores con problemas de base como hipertensión y diabetes, además de un batallón de niños que no pueden cumplir cuarentena.“No hay un médico, no tenemos oxígeno, no tenemos agua, no tenemos luz, ¿por qué nos han abandonado tanto? (…)

Aquí entran las personas, salen, entran, no hay una ley, que nos ayuden para que no haya un coronavirus en el islote”, pide Yohaira Newball, una de las isleñas.

“No hay un médico, no tenemos oxígeno, no tenemos agua, no tenemos luz, ¿por qué nos han abandonado tanto? (…) Aquí entran las personas, salen, entran, no hay una ley, que nos ayuden para que no haya un coronavirus en el islote”, pide Yohaira Newball, una de las isleñas.

Una preocupación válida, pues están a solo dos horas de Cartagena, una de las ciudades con los más altos índices de casos de contagio del país, y de Tolú y San Onofre reciben el abastecimiento para sus comercios, por lo que no enfermarse sería casi un milagro.

El islote, como se le conoce popularmente, lleva décadas lidiando con la falta de un médico, de agua potable o electricidad permanente.

Lo que sí sobra es solidaridad entre sus habitantes, «porque todos dicen pertenecer a una misma familia, lo cual es cierto, porque tienen lazos de consanguinidad y parentesco muy cercanos entre ellos», dice la antropóloga Andrea Leiva.