Duque vs. Petro: ¿un pulso definitivo en la recta final de la elección presidencial?

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Por ahora, las encuestas los muestran arriba, pero falta mucho camino por recorrer y movidas políticas por consolidarse que podrían revertir esa tendencia. Lo claro es que el uribismo apunta a ganar en primera vuelta y los demás, a forzar una segunda.

Concluida la semana de pasión y vacaciones, y a menos de dos meses de la primera vuelta en la elección presidencial, la fotografía del momento muestra a Iván Duque y Gustavo Petro punteando las encuestas y los demás candidatos luchando por una tercera opción que pueda darle la vuelta a una contienda que los sondeos presumen hoy sentenciada. Las palabras de Germán Vargas Lleras lo resumen: hoy es cuando en realidad empieza la campaña. Y es cierto, en esa lucha por el poder todavía falta trecho por recorrer y mucho más que alianzas electorales se ponen en juego ahora para determinar quién será el sucesor de la era Santos.

En el entorno de Iván Duque, si se sostiene la intención de voto de la que hablan los sondeos, la primera pelea es por intentar un triunfo en primera vuelta, ahora con el apoyo directo de Marta Lucía Ramírez como su fórmula vicepresidencial. No es un objetivo fácil, pero es su mejor opción para evitar una avalancha antiuribista en contra en una eventual segunda vuelta, sea contra quien sea. De igual modo, ante las críticas contra el candidato por ser el de menos experiencia en el Estado o porque se le señala de ser una ficha –algunos dicen “un títere”– del expresidente Álvaro Uribe, el otro propósito es que se exponga lo menos posible a escenarios donde sea improbable cambiar los inamovibles.

Se oyen rumores de apoyo de conservadores, liberales o cristianos, cada corriente por su lado, pero no existe nada concreto. El respaldo de eventuales azules obedecería a su afinidad ideológica con Marta Lucía Ramírez. Del lado liberal, el comentario de que podría darse una desbandada de las toldas de Humberto de la Calle en favor de Duque encendió las alarmas en la casa roja, pero tampoco existe nada oficial. El mismo candidato calificó esa posibilidad de “maromas oportunistas”. La misma incertidumbre que se vive alrededor de establecer hacia dónde pueden irse los votos del Partido de la U o los cristianos. Hay quienes dicen que podrían estar con Duque, pero no se puede descartar a Vargas Lleras.

Justamente en esas disyuntivas se desarrolla la opción política del exvicepresidente. A pesar de que parece desplomarse en las encuestas, en los círculos cercanos al candidato se dice que no se le advierte mucha preocupación. En el fondo confía en su sólida trayectoria política y en que cuenta con maquinarias fuertes con apreciable caudal electoral, que al final de cuentas es lo que suma en las urnas y no se cuenta en los sondeos. De cualquier manera, en principio, el objetivo parece apuntar a entrar en uno de los dos cupos de la segunda vuelta. De lograrlo, cualquiera sea su opositor, podría sacar ventaja.

Los analistas de la política lo plantean desde una perspectiva con cierta lógica. Si Vargas Lleras entra a una segunda vuelta con Iván Duque, la reacción antiuribista, en el contexto de darles cierta continuidad a las políticas del presidente Juan Manuel Santos y la paz, podría favorecerlo y de paso darle confianza a la clase política tradicional. Si su rival es Gustavo Petro, con la oleada de corriente anticastrochavista en que se ha venido encasillando al exalcalde de Bogotá por parte de sus opositores, también el ganador podría resultar siendo Vargas Lleras, en una especie de reedición de la Unidad Nacional de siempre, incluso sin descartar al Centro Democrático.

Es decir, por el lado que se le mire, el que la tiene más difícil es Petro, a pesar de que viene llenando plazas públicas en muchas ciudades del país. Es difícil que logre ganar en primera vuelta y menos si se sostiene la fuerza de Iván Duque en la opción de voto que hoy se advierte en las encuestas. Y de pasar a la segunda vuelta, necesariamente se va a encontrar, cualquiera sea su rival, con una corriente de opinión que quiere evitar a toda costa su victoria en las urnas, desde la visión de que supuestamente sus ideas podrían llevar a Colombia a vivir una calamitosa situación como la que hoy vive Venezuela. El reto del exalcalde de Bogotá es hacer que esa ola que lo apoyó en la consulta contra Carlos Caicedo del 11 de marzo no solo se mantenga, sino que crezca, y mucho.

La otra opción que tampoco parece perdida del todo es la que puede surgir a partir de la eventual unión entre Sergio Fajardo y Humberto de la Calle. Aunque en la actualidad pasa por los laberintos legales del Consejo Nacional Electoral (CNE), quienes alientan una tercera vía diferente a la derecha de Duque y la izquierda de Petro no descartan que esa concertación se dé, despertando una fuerza de opinión que pueda cambiar el rumbo de la historia. Nada fácil, pero en política tampoco es descartable. Y es claro que si de esa unión sale un candidato clasificado a segunda vuelta, algo puede pasar en las urnas.

Las opciones de Piedad Córdoba y Viviane Morales, con sus respectivas fórmulas vicepresidenciales, sí se ven muy remotas. Pero en la plataforma de la exfiscal existe un aspecto que tiene un significado político a tener en cuenta. Aunque no las congregue a todas, su fuerza electoral son las bases evangélicas cristianas y, en ese escenario, hay un número no despreciable de votos. Una perspectiva que no encaja mucho en las posibilidades de Petro, pero sí eventualmente en un apoyo en la segunda vuelta para Iván Duque, Germán Vargas Lleras o el que resulte de una posible alianza Fajardo-De la Calle.

Y hasta ahí la puja electoral con sus variables, sin descartar cualquier camino o que alguno de los aspirantes decline en el último momento. Pero como la lucha por el poder no solo se decide en el terreno político, en ocho semanas también pueden suceder eventos extraordinarios que les den un giro determinante a los hechos a última hora, como un escándalo judicial tipo hacker, como en las presidenciales de 2014, o un error craso entre alguno de los candidatos que genere una avalancha de opinión en contra. Es lo menos previsible, pero se sabe que, como reza el refrán, a partir de ahora los candidatos se van a sacar los trapos al sol.

Bien sea en los eventuales debates presidenciales, donde podrán verse los vacíos o virtudes de los candidatos, o en cualquier reacción ante auditorios polarizados que van en busca de provocar, o también en las respuestas fallidas que generen rechazo, lo cierto es que entrada la recta final de la campaña electoral, la norma colombiana para unos y otros es “no dar papaya”. Los que van ganando se van a cuidar al máximo y los que no crecen en las encuestas cumplirán su oficio de atacar a los de arriba para alcanzarlos. Es el juego donde todo cuenta y cualquier desliz puede salirle caro a quien lo cometa.

La suerte parece hoy echada y la sensación predominante es que la pelea entre Iván Duque y Gustavo Petro va cerrando el plano. Pero en Colombia la política es ambivalente y las últimas coyunturas electorales en el tema presidencial así lo demuestran. Es el momento del transfuguismo político, del trasteo ideológico para no quedarse por fuera de la torta burocrática, de los arreglos por encima y por debajo de la mesa y, por supuesto, de las grandes definiciones entre quienes deciden los movimientos del poder. 55 días para que se desenvuelva la campaña política más impredecible de los últimos tiempos.